“Nada más injusto”, el subcampeón no es el que perdió. Gracias Selección…

El Mundial es una pausa en la rutina de un país. Durante unas semanas dejamos de lado diferencias, discusiones y preocupaciones para encontrarnos alrededor de una camiseta, de una ilusión compartida y de un sentimiento que pocas cosas consiguen despertar con tanta fuerza como el fútbol.

Millones de argentinos vibramos con cada partido, sufrimos con cada definición y nos emocionamos con nuestra selección.

Hubo sacrificio, hubo corazón, hubo compromiso. España fue superior desde lo futbolístico y merece el reconocimiento por el título conseguido. Pero eso no disminuye el enorme recorrido de una Argentina que llegó hasta el último partido del campeonato, el lugar donde los 48 seleccionados soñaban con estar cuando comenzó la competencia.

Y quizás allí esté la enseñanza más valiosa que nos deja este Mundial.

Durante demasiado tiempo se instaló la idea de que el subcampeón es “el que perdió”. Incluso se popularizó aquella frase de que “el segundo es un cebollita”, como si llegar a una final fuera motivo de frustración. Nada más injusto. El subcampeón es quien superó a casi todos. Es quien atravesó obstáculos, eliminó rivales y se ganó el derecho de disputar el partido más importante del planeta. Llegar hasta allí ya es un logro extraordinario.

Por eso resultó tan saludable ver las calles llenas de gente agradeciendo a la Selección. No hubo reproches. Hubo aplausos. Hubo orgullo. Hubo reconocimiento. Fue una sociedad entendiendo que el esfuerzo también merece ser celebrado y que no todo se reduce al resultado final.

Sería bueno que esa mirada la transmitamos a las nuevas generaciones. A nuestros hijos, a nuestros nietos, a quienes mañana deberán afrontar sus propios desafíos. Que aprendan que competir con honestidad, esforzarse al máximo y llegar a las instancias decisivas ya es motivo de orgullo.

Que el éxito no siempre se mide únicamente por una copa levantada, sino también por la manera en que se recorre el camino.

Las finales no son un lugar para cualquiera. Son el destino de quienes hicieron las cosas muy bien. Y estar allí, en el partido que todos quieren jugar, nunca será un fracaso. Será, siempre, un mérito que merece ser celebrado.

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