Un estudio de salud ambiental desarrollado durante los últimos diez años en Monte Buey (Departamento Marcos Juárez-Córdoba) arrojó resultados relevantes sobre la presencia de agroquímicos en el organismo de sus habitantes, tanto en personas directamente vinculadas a tareas rurales como en quienes residen en área urbana.
La investigación, encabezada por las doctoras Mariana Butinof e Iohanna Filippi, (integrantes del Grupo de Epidemiología Ambiental de Enfermedades Crónicas, Conicet y UNC), analizó muestras de sangre, orina y saliva tomadas en 2014, 2016 y 2019, incorporando por primera vez a nivel mundial a la saliva como matriz biológica para la detección de ciertas sustancias. El estudio contó con el aporte y colaboración de instituciones locales como el Banco de Sangre de Cooperativa Eléctrica, Hospital Italiano, Municipalidad y el enlace profesional del Dr. Franco Montedoro.
La muestra (35 personas) se dividió entre aplicadores de agroquímicos (15) y personas sin contacto laboral con el sector (20) hallando rastros de agroquímicos en ambos grupos en diferentes porcentajes.
SUSTANCIAS ANALIZADAS Y RESULTADOS
El trabajo se centró en tres grandes grupos químicos: organofosforados, piretroides y glifosato, además de contemplar compuestos organoclorados persistentes. Según explicó Butinof en el noticiero En Contacto de Vivencias TV, se detectaron metabolitos y residuos de estas sustancias en sangre, orina y saliva, en distintas proporciones.
Los resultados evidenciaron una mayor presencia en personas laboralmente expuestas (quienes manipulan o aplican agroquímicos), aunque también se hallaron rastros en habitantes sin vínculo directo con estas tareas, residentes en la planta urbana de la comunidad atravesada por la actividad agropecuaria.
Uno de los hallazgos destacados fue la detección de glifosato en saliva, un avance considerado clave para el monitoreo poblacional. “La saliva es una matriz de muy fácil acceso, lo que permite ampliar las estrategias de estudio”, señaló la especialista, destacando esta metodología para facilitar controles menos invasivos.

ESTUDIO PIONERO A NIVEL MUNDIAL
El estudio fue publicado en la revista Environmental Advances y recibió un subsidio de la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la UNC.
Se encuentra disponible para la comunidad científica mundial y se posiciona como una referencia internacional en el campo de la salud ambiental porque es el primero a nivel mundial que detecta concentraciones de glifosato y su residuo (AMPA), el ácido aminometilfosfónico (AMPA), en saliva humana.
En las muestras de saliva, la detección de glifosato alcanzó más del 60 % del grupo no laboral, mientras que en los aplicadores llegó al 100%.
Las concentraciones promedio de glifosato encontradas en saliva fueron de 2,86 ng/ml (nanogramos por mililitro) en trabajadores, frente a 0,38 ng/ml en el grupo sin exposición directa.
Para asegurar la precisión, se utilizó tecnología de alta complejidad, como la cromatografía de gases acoplada a espectrometría de masas.

VÍAS DE INGRESO AL ORGANISMO
En trabajadores rurales, la principal es la dérmica —a través de la piel—, mientras que en la población general predomina la alimentación, a partir del consumo de productos que no necesariamente se originan en la propia localidad.

En este sentido, Butinof aclaró que las dosis estimadas de exposición a través de la dieta se encuentran dentro de los parámetros establecidos por la normativa nacional e internacional, sin superar los límites considerados “aceptables”.
No obstante, la investigadora remarcó que el estudio no fue diseñado para establecer relaciones causales directas entre la presencia de estas sustancias y enfermedades específicas. “Lo que podemos observar es una foto de la situación actual. No podemos afirmar que tal sustancia cause tal enfermedad crónica”, explicó.
EL PELIGRO DE LA EXPOSICIÓN REITERADA EN EL TIEMPO
La profesional subrayó que existe abundante evidencia científica —externa al propio estudio— que indica que exposiciones reiteradas en el tiempo, incluso a bajas dosis, pueden generar consecuencias en la salud a largo plazo, particularmente en trabajadores del ámbito rural.
Al mismo tiempo, los resultados también dejaron una conclusión alentadora. “Cuando la exposición es menor, también lo es la presencia de metabolitos y de síntomas”, indicó Butinof, lo que refuerza la importancia de las medidas de prevención en el manejo de agroquímicos.
En esa línea, uno de los aportes del trabajo fue el desarrollo y validación de herramientas para medir la exposición. Por un lado, mediante escalas indirectas (relatos sobre cómo se manipulan agroquímicos, hábitos de vida y alimentación); por otro, a través de la medición directa en matrices biológicas (sangre, orina y saliva). La comparación entre ambos métodos mostró una relación consistente: a mayor nivel de exposición, mayor presencia de metabolitos y, en muchos casos, mayor aparición de síntomas agudos y subagudos.
PREVENCIÓN. “Si no hay exposición, el riesgo no ocurre“
La especialista sintetizó el enfoque preventivo del estudio: “Si no hay exposición, el riesgo no ocurre. El riesgo tiene que ver con la exposición y la toxicidad juntos”. Por eso, remarcó que, en los casos en que estos productos deban utilizarse, resulta clave hacerlo bajo estrictas medidas de cuidado. “Hay muchas medidas de prevención al alcance de los trabajadores, de la organización del trabajo en las empresas y también de las comunidades, a través de acciones colectivas como ordenanzas que protegen la salud”, señaló.
GLIFOSATO
El glifosato es el herbicida más usado en el país. La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) lo clasifica como «probablemente carcinógeno para los humanos» (Grupo 2A). Según la evaluación de este organismo, existe evidencia «limitada» en humanos sobre la carcinogenicidad del glifosato. Se ha observado una asociación positiva con el linfoma no Hodgkin. En tanto, en animales la evidencia es «suficiente».
Sin embargo, las investigadoras aclaran que este estudio es descriptivo e indica que tanto los trabajadores como la población en general están expuestos al contaminante.

Publicación científica
Autores. Iohanna Filippi, Pilar Fernández, Joan Grimalt, Mariana Butinof, María Valeria Amé y Sonia Muñoz.
Instituciones. Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Salud (Inicsa) de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNC y Conicet; Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudio del Agua (IDAEA, CSIC) en Barcelona, España; Escuela de Nutrición (Facultad de Ciencias Médicas de la UNC) y Centro de Investigaciones en Bioquímica Clínica e Inmunología (Cibici) de la Facultad de Ciencias Químicas de la UNC y Conicet.
Colaboraciones: Dr. Franco Montedoro, Banco de Sangre de Cooperativa Eléctrica, Hospital Italiano, Municipalidad de Monte Buey.




