Llegué a Malvinas pensando que todo estaba cerca, que las distancias eran cortas y fáciles de recorrer. Sin embargo, pronto comprendí que no es así. El territorio es amplio, abierto, y el clima impone condiciones que se hacen sentir con fuerza.
El viento sopla con una intensidad constante y el frío cala profundo. Experimentarlo en primera persona se hace inevitable pensar en aquellos que, durante tantos días, soportaron esas mismas condiciones —e incluso peores— sin comodidades, sin el abrigo adecuado y muchas veces sin una alimentación suficiente. Esa realidad vuelve aún más grande el sacrificio de quienes combatieron allí.

Al mismo tiempo, Malvinas muestra una organización que sorprende. Todo está cuidadosamente ordenado: los sitios históricos preservados con respeto, las estancias, y los caminos que conectan cada sector de las islas. Esos caminos, construidos con piedra compactada que asemeja pavimento, permiten trasladarse de un punto a otro en medio de un paisaje agreste y dominante.
Malvinas, definitivamente, es mucho más de lo que imaginaba. Es historia viva, es naturaleza y es, sobre todo, memoria permanente.

Nota de redacción:
Gabriel Malano acompaña a los ex combatientes de Monte Buey Víctor Ventura y Nolberto Filippi en su primer regreso a los archipiélagos 44 años después de la guerra.
Durante una semana recopilará imágenes y testimonios para poder compartir con toda la comunidad la fuerte experiencia de los héroes locale.




