“El día esperado”. Así podría definirse esta jornada intensa y profundamente conmovedora en la recorrida por Malvinas. Casi 44 años después de haber llegado con apenas 18 años, aquellos jóvenes soldados regresaron al escenario donde la historia les cambió la vida para siempre.
El reencuentro con sus antiguas posiciones, muy cerca del aeropuerto, fue un momento cargado de emoción. Víctor Ventura , Ricardo Guillen y Gerardo Marani avanzaron con la mirada fija en el horizonte, intentando reconstruir en la memoria cada detalle. El paisaje ya no es el mismo; el tiempo y la naturaleza modificaron el terreno. Sin embargo, entre las rocas, en la forma de la geografía y en los cráteres que aún permanecen como cicatrices abiertas, apareció la certeza. Tal vez unos metros más adelante o unos metros más atrás, pero fue allí.

Los cráteres dejados por las bombas se transformaron en una guía silenciosa. No hicieron falta demasiadas palabras. Bastaba observar sus rostros, la emoción contenida, la ansiedad por identificar el punto exacto.
En otro sector, con un paisaje diferente, más cubierto de vegetación y con menos huellas visibles del pasado, Norberto también emprendió su propia búsqueda. Allí casi no quedan rastros materiales, pero la memoria no necesita señales físicas para confirmar lo vivido. Caminar ese lugar fue volver a pisar el tiempo, fue unir el ayer con el presente.

La jornada también incluyó el faro, cercano al aeropuerto, otro sitio que guarda recuerdos. Cada paso fue un diálogo íntimo entre aquellos jóvenes de 1982 y los hombres que hoy regresaron para mirarse frente a frente con su historia.
Fue, sin dudas, el día más esperado. Un reencuentro con el pasado, con la memoria. En esas tierras quedaron fragmentos de juventud, de compañerismo y de una experiencia que marcó para siempre sus vidas.




