Es la segunda de estas características que se construye en continuidad y de manera anexa al edificio principal de la institución. Se trata de una propuesta que responde a la demanda de personas mayores que, en buen estado físico y psicológico, deciden no vivir más solas en sus hogares, pero buscan hacerlo manteniendo independencia, privacidad y acceso a todos los servicios de cuidado.

La flamante propietaria de esta unidad es Rosanna Trionfetti, de 87 años, quien expresó que la concreción de este espacio “es algo que soñé hace muchos años”. Según relató, fue una de las primeras impulsoras de la idea de contar en Monte Buey con un hogar de estas características, remarcando que “cambia radicalmente el concepto que se tenía de los geriátricos o de los lugares destinados a la tercera edad”.
“Siempre estuvo en mi deseo que, llegado este momento de mi vida, pudiera venir a un lugar como este, pero por decisión propia y manteniendo mi independencia y mi privacidad”, señaló Rosanna tras un sencillo acto que contó con la bendición del Padre Néstor Pucheta..

El departamento cuenta con una pequeña cocina, baño privado, un amplio estar comedor con kitchenette y una habitación espaciosa con dos camas, pensada para recibir familiares. Esta configuración permite a la residente utilizar libremente su unidad privada, recibir visitas y, al mismo tiempo, acceder a todos los servicios generales del hogar.

Rosana explicó que la decisión sorprendió inicialmente a sus hijos, aunque luego los tres, radicados en distintas localidades del sudeste de Córdoba, la acompañaron y valoraron positivamente la elección. “Saben que pueden venir a visitarme, incluso quedarse a dormir, y tienen la tranquilidad de que estoy cuidada las 24 horas”.

La modalidad de estos departamentos privados se basa en una inversión inicial realizada por la familia para la construcción de la unidad. A cambio, el hogar devuelve ese monto a través de la prestación integral de sus servicios durante un período aproximado de entre cuatro y cuatro años y medio. Durante ese lapso, la residente recibe desayuno, almuerzo, merienda, cena, atención médica, controles de salud, enfermería como los talleres recreativos, físicos, culturales y para la memoria. Una vez equiparada la inversión con los servicios prestados, la residente comienza a abonar la cuota mensual como cualquier otro integrante del hogar. Cuando la persona ya no esté, la unidad pasa a integrarse plenamente al patrimonio institucional del Hogar Días Felices.

El arquitecto Fernando Cortés Agüero señaló que, en continuidad con el edificio actual, existe disponibilidad para construir únicamente dos unidades más de este tipo, lo que permitiría llegar a un total de cuatro departamentos privados. “Ampliar más allá de eso implicaría una reestructuración general del hogar”, explicó, detallando que los espacios comunes, el comedor, la cocina y la cantidad de personal están pensados para un número determinado de residentes, y que sumar muchos más requeriría modificar toda la organización del establecimiento.

En ese marco, el arquitecto adelantó que a futuro la fundación proyectaría avanzar hacia un sistema de cohousing. “La idea es pensar en departamentitos o casitas independientes entre sí, cercanas geográficamente, dentro de un mismo predio, integradas a los servicios médicos y de atención del hogar”.






