“Tengo que aprender a vivir de una manera distinta”. Lorena Bottero compartió cómo fueron sus dos accidentes cerebro vasculares

Lorena Bottero, profesora del Instituto General José María Paz, compartió su experiencia tras haber atravesado dos accidentes cerebrovasculares (ACV) en octubre y noviembre de 2025, en un testimonio que sirve mucho, ya que reconstruye con precisión cómo comenzaron los síntomas, el impacto en su vida cotidiana y las secuelas que aún hoy transita.


El primer episodio ocurrió en el ámbito laboral, mientras dictaba clases. “Estábamos en un ambiente tranquilo, los chicos trabajando en equipo, y empecé a sentirme toda acalambrada… como un hormigueo en todo el cuerpo”, relató. Horas antes, ya había notado una señal que no interpretó como alarma: “Me había despertado con el brazo izquierdo acalambrado, pero pensé que había dormido mal” contó en el programa ENTRETENIDOS por Vivencias TV.


Ante el malestar, fue asistida y trasladada al hospital, donde le detectaron presión alta y comenzaron estudios clínicos. En ese proceso, se descubrió además un problema en la vesícula que derivó en una intervención quirúrgica. “Nunca imaginamos que podía desencadenar todo esto”, señaló.


Sin embargo, una semana después de la operación llegó el segundo ACV, con síntomas más severos. “Se me empezó a acalambrar la mandíbula, estaba perdiendo la voz… yo miraba desesperada a mi familia porque entendía que algo no estaba funcionando”, recordó. En ese momento fue internada y permaneció varios días bajo cuidados intensivos.

SECUELAS


Los estudios posteriores confirmaron que había sufrido dos eventos: uno de tipo hemorrágico, que no dejó secuelas visibles, y otro isquémico, que resultó ser el más determinante. “Tengo menos fuerza en toda la parte izquierda del cuerpo y la fuerza en el brazo no la recuperé más”, explicó.


A partir de allí, comenzó un proceso de recuperación que no estuvo exento de dificultades. Bottero intentó retomar su rutina habitual, pero su propio cuerpo le marcó límites. “Sentía un cansancio extremo, como si hubiese corrido una maratón. La parte izquierda tiene que hacer el doble de esfuerzo para acompañar a la derecha”, explicó.


Con el paso del tiempo, fueron apareciendo otras secuelas menos visibles, pero igualmente significativas. “Me cuesta la rapidez mental, la fluidez para responder bajo presión. Tengo todo en la cabeza, pero me cuesta procesarlo rápido”, expresó. También mencionó la pérdida de parte de la visión periférica y una mayor sensibilidad a los estímulos: “En lugares con mucha gente o ruido me siento aturdida, con dolor de cabeza”.


En ese sentido, destacó que muchas de las consecuencias no son inmediatas ni evidentes. “Uno piensa que las secuelas se ven enseguida, pero no. El neurólogo me dijo que las iba a ir descubriendo a medida que volviera a mi vida”, contó.


Actualmente, continúa con controles médicos y tratamientos orientados tanto a la rehabilitación como a la prevención, con terapista ocupacional, psicóloga y kinesióloga. Si bien algunas secuelas serán permanentes, Bottero transita una nueva etapa con mayor conciencia sobre su salud:

Con enorme optimismo y resiliencia cerró: Es aprender a convivir con las limitaciones y también a escuchar el cuerpo” reflexionando que a cualquiera le puede tocar una situación así y en minutos la vida puede cambiar y que hay que adaptarse para continuar adelante. Uno de los médicos que la atendió en sus días de terapia intensiva tras el segundo episodio le remarcó que “salvó su vida porque supo escuchar a su cuerpo”

En éste 2026 cursa licencia anual como profesora en el nivel secundario del Instituto General José María Paz. Continúa ofreciendo charlas sobre Neurociencias y educación y participando de numerosas entrevistas en medios televisivos, radiales, digitales, redes sociales, y que es fuente habitual de consulta sobre todo lo relacionado a la Neuroeducación, adolescencia, pantallas y temas derivados.

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