Rocío Arloro, después del cáncer: transformar la experiencia en palabras para ayudar a otros


Hay experiencias que dividen la vida en un antes y un después. Para Rocío Arloro, ese momento llegó en 2019, cuando tenía 22 años y recibió el diagnóstico de un linfoma de Hodgkin. A partir de entonces comenzó un camino atravesado por tratamientos, cambios físicos, incertidumbre y emociones difíciles de explicar. Pero también fue el comienzo de un proceso interior que, con el paso del tiempo, la llevó a encontrar en la escritura una manera de darle sentido a lo vivido y acompañar a otras personas.


La joven de Monte Buey compartió su historia en una entrevista en Entretenidos, de Vivencias Televisión. Allí repasó las distintas etapas de la enfermedad, el tratamiento, el papel fundamental de la fe, su familia y de los profesionales médicos, y aquellas vivencias que muchas veces quedan en silencio, incluso cuando la parte más visible de la enfermedad parece haber quedado atrás.


“Prácticamente, se frena todo. Se paraliza todo para vos y para el entorno”, expresó al recordar el momento de recibir el diagnóstico.


El impacto no se limitó a quien recibe la noticia. La enfermedad también atravesó a su entorno más cercano, que debió acompañarla durante un proceso complejo, con sus propios temores, preocupaciones y maneras de afrontar lo que estaba sucediendo. Rocío, hoy en pareja y mamá de un niño de dos años, puso especial énfasis en esa dimensión humana que no siempre encuentra espacio en los relatos sobre el cáncer: lo que sienten quienes transitan la enfermedad y lo que ocurre con quienes los acompañan.


Del diagnóstico al «para qué»


El tratamiento incluyó tres ciclos de quimioterapia. Durante ese período, Rocío tuvo que afrontar las consecuencias físicas de la enfermedad y del tratamiento, pero también un recorrido emocional que la obligó a detenerse y revisar aspectos profundos de su vida.
Lejos de presentarse desde la victimización, contó que nunca eligió pelearse con la enfermedad. En cambio, se sostuvo en la fe, confió en los profesionales médicos y encontró en su entorno una red de apoyo fundamental para atravesar esa etapa.


Al comienzo, reconoció, apareció la pregunta inevitable: por qué le estaba sucediendo aquello. Sin embargo, esa interrogación fue dando lugar a otra, que terminaría convirtiéndose en una clave para comprender su experiencia: el para qué.


Ese cambio de perspectiva es uno de los ejes de su historia. Rocío considera que el sentido que encontró en todo lo vivido está relacionado con la posibilidad de transformar su experiencia en una herramienta para otros, pero también con haber descubierto una manera diferente de comprender la vida.


Hoy se encuentra recuperada, con controles médicos de una frecuencia anual. Hace poco atravesó un momento de preocupación cuando un estudio de rutina arrojó un resultado que no era el esperado. La posterior biopsia descartó el temor inicial y confirmó que se trataba de una falsa alarma.


El episodio volvió a ponerla frente a la incertidumbre que puede acompañar a quienes atravesaron una enfermedad oncológica, incluso después de finalizar los tratamientos. Una experiencia que también forma parte de aquello que muchas veces “no se dice.”


Entre lo que no se dice: escribir para compartir lo vivido


De ese recorrido nació Entre lo que no se dice, el libro con el que Rocío inició su camino en la literatura y que presentó en septiembre en el Concejo Deliberante de la ciudad de Córdoba, junto a la asociación civil Soles.
La obra no pretende reconstruir de manera lineal toda su historia ni convertirse en un relato exclusivamente centrado en el cáncer. Está compuesta por pequeños fragmentos que escribió en distintas etapas de su proceso personal. Los textos tienen una prosa poética, íntima y reflexiva, que invita a detenerse en emociones, pensamientos y situaciones que no siempre encuentran palabras.


Explicó, que aunque el libro nació de un proceso personal vinculado con la enfermedad, sus páginas pueden encontrar sentido en otras circunstancias difíciles: una separación, un duelo, la pérdida de un trabajo o cualquier situación que obligue a replantear la vida.
En ese sentido, la obra se completa con quien la lee. Cada persona puede reconocerse en distintos fragmentos, interpretarlos desde su propia historia y encontrar allí una manera de poner en palabras lo que cuesta expresar.

Además, Rocío decidió que todas las regalías generadas por la venta del libro sean destinadas a Soles, una asociación civil cordobesa que acompaña a niños, niñas y adolescentes con cáncer y brinda contención económica y emocional a sus familias durante los tratamientos. La entidad también ofrece alojamiento, alimentación y acompañamiento a familias que deben trasladarse a Córdoba para recibir atención médica.



Una nueva manera de mirar la vida


Al reflexionar sobre las enseñanzas que le dejó la enfermedad, Rocío destacó la importancia de escuchar el cuerpo y comprender que las personas no pueden reducirse a un síntoma, un diagnóstico o un organismo biológico.
Su mirada parte de una concepción integral: cuerpo, mente, espíritu y emociones forman parte de una misma realidad. Por eso, considera fundamental prestar atención a lo que sucede internamente, incluso cuando no siempre se logra identificar de inmediato aquello que nos afecta.


También dejó un mensaje concreto vinculado con el cuidado de la salud: la importancia de realizar chequeos y controles periódicos, aun cuando no existan síntomas que generen preocupación. La prevención y la consulta con profesionales son fundamentales para cuidar la salud y atender oportunamente cualquier señal de alarma.


La enfermedad la obligó a detenerse, revisar prioridades y descubrir que la vida no siempre puede pensarse en función de lo que pasó o de aquello que todavía no llegó.
En la entrevista dejó una frase que sintetiza esa nueva perspectiva: “Somos el momento en el que estamos”;


Rocío admitió que aprendió mucho de lo que atravesó. Incluso llegó a definir como un privilegio haber transitado esa experiencia, no porque minimice el sufrimiento que implicó, sino por la transformación personal que reconoce en el camino recorrido y por todo lo que pudo construir a partir de él.

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